Desde el punto de vista de la
Competitividad sistémica, ésta se define como el proceso de formación y/o
acumulación del Capital Sistémico que se encuentra insertado en los diferentes
capitales, que hacen viable que una nación pueda producir una melodía en el
concierto internacional.
Las Capacidades Competitivas son
todo el andamiaje, todo el esfuerzo colectivo que un país puede concitar,
desarrollar, motivar, a fin de empujar a la sociedad por el escenario donde se
pueda conectar, para posibilitar un mayor bienestar para la población de manera
más integral y sostenible.
Está taxativamente obvio que el liderazgo político nuestro no solo acusa
una reactividad pasmosa, sino que al mismo tiempo ha sido profundamente
irresponsable en materia del desarrollo de una Competitividad Sistémica en
nuestro país, a pesar de que contamos con un Plan Nacional de Competitividad
Sistémica de la República Dominicana desde el 2005.
A pesar de que tenemos muy claro
los elementos claves de la Competitividad y los factores que la engloban tales
como: Lo macroeconómico, lo Mesoeconómico, lo Macroeconómico, lo Internacional,
lo Institucional y lo Político Social; el gran desafío que como nación tenemos
más allá del Costo económico, es el Costo Político que la Clase Política no
quiere asumir.
En palabras más claras, todo el proceso del desarrollo de la competitividad
parecería que se encuentra estancando desde el 2008 donde se produjeron
reformas normativas que acelerarían el proceso; sin embargo, la sociedad
requiere reformas estructurales, que más que el Costo Económico que ella
encierra, amerita del Costo Político que deviene en la capacidad de la Clase
Política de asumir el Costo del Capital Político.
Toda reforma implica por así
decirlo, cambio y en todo proceso de cambio hay actores ganadores y perdedores.
Lo importante aquí es pensar como estadista y como una verdadera clase
gobernante que pareciera que todavía no tenemos. La Clase Política, a pesar de
que en los documentos del Plan Nacional de Competitividad Sistémica y la
Estrategia Nacional de Desarrollo se bosquejan dos visiones muy elocuentes y
bien redactadas, una para el 2020 y la otra para el 2030; ésta sigue
pensando con una visión sumamente
cortoplacista. Es una Clase Política que se mueve en el Cuadrante 3 y 4 y muy
poco en el cuadrante 1 y nula en el 2 de la Administración del tiempo de
Stephen Covey. Lo Urgente e importante (1); Lo no urgente e importante (2); Lo
urgente que no es importante (3) y Lo no urgente que no es importante (4). Una
clase política tongololesca.
Las Capacidades Competitivas no podrán lograrse y alinearse como una fuerza
poderosa, sino tomamos en cuenta las reformas estructurales de manera continua;
las reformas en el aparato productivo; la formación, capacitación y desarrollo
de Los Recursos Humanos. De convertir a las personas en talentos. Talentos son
las personas dotadas de conocimientos, capacidades, competencias, habilidades,
destrezas y experiencias para operar en un contexto determinado. La suma de
conocimientos y comportamientos + el esfuerzo.
No es posible seguir teniendo un
sistema energético que más que alumbrar, deslumbra en una tétrica vergüenza. No
es posible que el Estado Dominicano cada dos años, promedio, le cambie las
reglas del juego a los sectores productivos con reformas tributarias que solo
tocan los ingresos, sin validar la calidad
del gasto, su eficiencia y su eficacia. No es posible que todavía en el
Siglo XXI no contemos con una Ley de Quiebra y una Ley de Reestructuración.
Como asombra que si tenemos un Capital Institucional tan frágil, tan débil, no
contemos con un Decreto o una Ley del Silencio Administrativo para evitar el
soborno y la extorsión, la llave más expedita de la corrupción.
Todo lo que acabamos de decir, de la Reactividad de la Clase Política, se
ilustra en la Pagina 4–A del Periódico Hoy del Viernes 11 de Abril, cuando
reza: “Comisión general Senado tratará los efectos DR-Cafta 2015” y en uno de
los párrafos de la noticia se reseña “Recuerda que a partir del primero de
Enero de 2015, todos los productos industriales y algunos agrícolas exportados
desde cualquier país miembro del DR-Cafta, entrarán libres de aranceles”. El
DR-Cafta sencillamente tenía y tiene su carta de ruta desde el 2004 cuando se
firmó. No es algo que surgió hoy y se sabía lo que teníamos que hacer. ¡La
cultura del lobo nuevamente! Y que tanto daño nos ha hecho como sociedad.
Algunos son tan osados que al
decir que recibimos 2,050 Millones de Dólares de Inversión Extranjera en el
2013 y que representan el 40% de la recepción de la Región de Centroamérica, es
un signo de mejora de Competitividad. Nada más incierto. Esto es bueno y
refleja algunos indicadores que nos favorecen, tales como el ambiente
Macroeconómico (Inflación baja, Tasa de Interés moderada; Crecimiento de la
Economía y Tasa de Cambio equilibrada), y un factor de Confianza. Sin embargo
es muy probable que el Clima Empresarial, visto desde una perspectiva más
amplia, vaya disminuyendo, perdiendo el país peldaños en los rankings con
organismos internacionales.
Por ello, en el Doing Business 2013 del Banco Mundial, obtuvimos el 116 de
185 países; donde hay 18 países de la Región mucho mejor ranqueado que el
nuestro en todo lo que tiene que ver con la Competitividad y el Clima
Empresarial. Las regulaciones empresariales inteligentes (SMART: Simplificadas
regulaciones; Mensurables regulaciones; Adaptables regulaciones; Relevantes
regulaciones y Transparentes regulaciones); no han mejorado significativamente,
para mejorar loablemente la competitividad.
¡Urge de un liderazgo más comprometido y más imbuido de un proyecto
societal, que aproveche las oportunidades con un espíritu emprendedor y con un
apetito por el riesgo innovador, que con ambición, visión y energía, atrape la
carrera de este tiempo: El más veloz desarrolla más las capacidades
competitivas!

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