Por Teresa
Canino Rivera / teresa.canino@gfrmedia.com
A los 96 años, el doctor Herminio Lugo recuerda con exactitud la
primera vez que vio a Ramonita Álvarez subir en San Germán a un
camión para ir a una gira familiar. Y aunque no fue amor a primera vista,
el hombre afirma que este pueblo fue el escenario para que se concretara
la relación matrimonial que ha perdurado por más de 78 años.
En
1936, la Iglesia Presbiteriana del pueblo se convirtió en el espacio idóneo para
que se desarrollara entre ellos una relación de amistad, hasta que un día don
Herminio se le declaró. “Habíamos ido al cine y cuando salimos de la matiné
caminando para la plaza fue que yo me le declaré. Le dije que el día que yo me
casara ella iba a estar allí”, explica riéndose.
Noviazgo
sólido. Por los próximos cinco años mantuvieron un sólido noviazgo. Él viajaba
a Yauco para visitarla en casa de sus padres. Otras veces coincidían en la
iglesia.
“Yo
me volví loca con él porque yo era pobre y él era rico. La gente me decía que
estaba loca porque pensaban que no me iba a cumplir. Pero gracias a Dios
me cumplió”, relata doña Ramonita, a sus 104 años.
Boda sencilla
Aunque
don Herminio siempre soñó con una boda grande en la iglesia, en diciembre
de 1941 sus planes se vieron interrumpidos por la súbita muerte de su madre.
El
26 de diciembre de ese año, se casaron en una ceremonia sencilla a la que solo
asistieron el pastor y su esposa, dos padrinos y la abuela del novio.
Dos
años más tarde, mientras don Herminio ofrecía clase de ciencias en la escuela
superior de San Germán, nació el primer hijo, Ariel. Siete años y medio
más tarde recibieron a su segundo retoño, Ruth Enilda. Ahora ambos son
profesionales con doctorados y el orgullo de sus padres.
Durante
la vida profesional de don Herminio, el matrimonio vivió en San
Germán, Barranquitas, Ponce, San Juan y Mayagüez. Además, se radicaron
por dos años en el estado de Nueva York mientras él cursaba su maestría en
botánica en la Universidad de Cornell.
Ahora
viven en RÍo Piedras, cerca de la Universidad Interamericana, donde don
Herminio enseñó hasta su retiro, tras 53 años de profesor.
Fórmula de éxito
El
matrimonio alega que desconoce la receta perfecta para mantener vivo el amor
que le ha otorgado dos nietos y tres bisnietos. Según ellos, la fórmula
de éxito radica en aprender a conciliar sus diferencias y tener mucha
comprensión.
“Paciencia,
hay que tener mucha paciencia. De vez en cuando uno pierde los estribos, que es
algo natural… pero que no sea una cuestión duradera”, relata don Herminio.
Asegura que lo que une a los matrimonios ahora es la conveniencia y no el
amor.
Para
doña Ramonita, la receta está en la fidelidad. “Yo siempre estuve. Siempre.
Nosotros nos amamos de verdad. Para mí, no hay en la vida otro hombre”, expresó
emocionada.
Hubo
sus encuentros. Cuando ambos analizan su relación aseguran que siempre se han
llevado de maravilla, aunque confiesan que como en toda relación, “tuvieron sus
encuentros”.
Sentado
en un sillón al lado de la cama de posiciones de su esposa, don Herminio
agradece el tiempo que ha tenido junto a ella.
“Son
pocas la personas de esa edad que hablan así, libremente. Le doy gracias a Dios
porque ella tiene su mente clara y razona. Se da cuenta de todo en casa y eso
es bien importante, a pesar de que yo en ocasiones me siento que no tengo con
quien hablar”, indicó.
“Al
menos tengo su compañía y no sé qué me voy a hacer el día que me falte”,
concluyó.
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