El 2 de abril se
celebra el Día Mundial del Autismo.
El autismo o
trastorno del espectro autista se describe como un déficit significativo en la
comunicación y en la interacción social en diversos contextos, como en los
siguientes:
* Dificultad en
la pragmática o comunicación social como en mantener una conversación,
intereses reducidos y ausencia de iniciativa en la interacción social.
* Dificultad con
la comunicación no verbal que se usa en la comunicación social, como contacto
visual limitado o ausente, así como de gestos faciales.
* Dificultad para
mantener una conducta adecuada de acuerdo al contexto social, la persona y el
lugar.
* Dificultad con
el juego imaginativo, falta de interés en otras personas.
Igualmente, se
muestra en patrones de comportamiento, intereses o actividades restringidas y
repetitivas que se manifiestan en:
* Habla ecolálica
(repiten todo lo que oyen), manipulación repetitiva de objetos, colocan objetos
en fila, "aleteo " de manos
* Excesiva
fijación con las rutinas, resistencia al cambio, necesidad de rutina y
rituales.
* Déficit
sensorial y conductas que reflejan híper o hipo sensitividad: no responden al
dolor, temperaturas, o presentan fascinación con luces, ruidos y movimientos
constantes.
La severidad del
autismo va a depender de cuán afectada esté la comunicación social y la
conducta con relación a los patrones repetitivos y restrictivos.
Para el 2012, el
Departamento de Salud de Puerto Rico realizó una encuesta que señaló un total
de 11,743 o un 1.62 % de la población de niños entre 4 a 17 años y un total de
28,745 personas. La cifra es alarmante cuando la estadística establece que 1 de
cada 62 bebés que nacen en Puerto Rico tiene una alta posibilidad de
desarrollar autismo.
Aunque el autismo
se considera como un trastorno, lo cual implica una serie de características
atípicas presentes y comunes en un grupo de individuos, la dificultad con la
cual es más difícil trabajar y que más preocupa a los padres es el problema de
lenguaje.
Recurrentemente
se han reportado los resultados de ciertas investigaciones que podrían explicar
los problemas del lenguaje en el niño con autismo y que apuntan a un problema
de procesamiento auditivo como causante del mismo.
Procesamiento
auditivo es la habilidad de recibir, secuenciar y analizar los sonidos que el
oído oye. Se ha reportado asimetría en los hemisferios del cerebro del niño con
autismo y falta de maduración en algunas áreas del hemisferio derecho.
El impedimento de
lenguaje de algunos niños autistas, señalan otras investigaciones, es resultado
de una pobre sincronización dentro del cerebro y entre las regiones del mismo,
las encargadas del procesamiento del lenguaje. Esto resulta en una
desorganización: las diferentes áreas del cerebro no se integran para trabajar
en conjunto.
Otro estudio
reporta que las dificultades de lenguaje en niños con autismo pueden ser
resultado de un procesamiento auditivo inconsistente, principalmente en su
desarrollo pre-lingüístico o previo al desarrollo del lenguaje expresivo. Por
lo tanto, el diagnóstico primario no debería ser un problema del desarrollo del
lenguaje o un desarrollo anormal de lenguaje, eso sería un síntoma del problema
primario, que es un desorden de procesamiento auditivo.
Incluso, una
investigación reportó que mientras los niños con autismo escuchan sonidos del
lenguaje, muestran una menor activación en las áreas del cerebro relacionadas
al mismo, comparadas con una alta activación en niños no autistas cuando
escuchan lenguaje. La percepción anormal de los sonidos del habla puede
explicar los impedimentos del lenguaje en niños con autismo. Esto es lo que
reportan diversas investigaciones, pero los padres de niños con autismo lo que
ven son las conductas secundarias a un problema de procesamiento auditivo.
¿Qué
conductas exhibe el niño con autismo que son el reflejo de un desorden de
procesamiento auditivo?
*
Hipersensitividad a los sonidos, por lo cual se cubre los oídos, se aleja de
fuentes de sonido o reacciona con una rabieta o crisis a sonidos fuertes.
*
Hiposensitividad: parece como si estuviera sordo porque no reacciona a sonidos
ni a su propio nombre, aunque el audiólogo ha certificado que oye bien.
*Ruidos
constantes con la boca debido a que no procesa adecuadamente el lenguaje,
estímulo sensorial que demanda el cerebro, por lo cual el niño responde auto
estimulándose con sonidos y a veces con gritos de alta frecuencia o de cambios
bruscos en frecuencia. Algunos producen un sonido no verbal extraño parecido a
un zumbido o "humming".
* Rabietas en un
ambiente ruidoso debido a que se satura de información o estímulos auditivos al
no poder enfocarse en uno relevante, principal o que sea de interés e ignorar
el resto de los sonidos.
* Esconderse o
aislarse aún más cuando escucha ruidos fuertes y continuos, como los de
aviones, las aspiradoras, las licuadoras o las cortadoras de grama, entre
otros.
* La ecolalia o
la repetición de lo que oye. Las más recientes investigaciones relacionan a la
ecolalia con un problema de procesamiento auditivo. Si a un niño con ecolalia
le preguntas “¿cómo te llamas?”, te va a responder con la misma pregunta, sin
contestarla. Si le preguntas “¿quieres jugo, sí o no?, lo más probable es que
te conteste "sí o no". Su dificultad mayor es al contestar preguntas.
* Tendencia a
referirse a sí mismo como si fuera una tercera persona, diciendo "quiere
jugo" en vez de "yo quiero jugo".
* Retroceso
severo en su desarrollo del habla y del lenguaje, tanto receptivo como
expresivo.
* Acento extraño
al hablar, parece un acento extranjero o habla robóticamente, con muy pocas
inflexiones en la voz.
¿Cómo
se puede ayudar a estos niños?
La terapia
auditiva debe ser parte esencial del tratamiento de estos niños con el objetivo
de aumentar el procesamiento auditivo. Aumentar la atención, discriminación y
comprensión auditiva, la localización de la fuente de los sonidos (de
dónde viene el sonido) y poder enfocarse en sonidos específicos ignorando otros
que compiten con el principal: todas estas destrezas son precursoras de un
desarrollo lingüístico y se desarrollan durante el primer año de nacido.
Aún quedan muchos
horizontes por alcanzar en el diagnóstico de autismo, una plaga que aún es un misterio
difícil de descifrar en cuanto a tratamiento se refiere y un enigma en cuanto a
la (las) causa(s) del mismo. Sin embargo, incluir la terapia auditiva como
parte del protocolo de terapias para los niños con autismo puede hacer la
diferencia en que un niño desarrolle o no el lenguaje que le permita
comunicarse. Esta diferencia es la que marca el nivel de severidad dentro del
autismo: si el niño puede hablar o no. Obviar esta terapia coloca al niño en
riesgo de no poder desarrollar lenguaje verbal o de desarrollar un nivel poco
funcional. El riesgo es muy grande, y la factura social y emocional para el
niño y la familia será muy onerosa. Ese es un precio que a nadie le gustaría
pagar. Conoce el autismo y muestra tu solidaridad.
La
autora es patóloga del habla y lenguaje, y directora del Centro Tomatis de
Puerto Rico en San Juan.
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