Todavía suenan
en algunos oídos las bellas letras de la salsa de Rubén Blades: “Ella era una
chica plástica de esas que veo por ahí… Era una ciudad de plástico de esas que
no quiero ver”. Esta expresiva canción confirma que la centuria comprendida
entre los años de1900-2000, puede ser bautizada como el Siglo del
Plástico.
Ningún otro producto creado por la naturaleza o
inventado por el hombre ha tenido mayor impacto en la humanidad. El plástico
rompió todos los paradigmas existentes, al punto de que también el nuevo
milenio se proyecta como la Época del Plástico.
Quienes tengan dudas que no olviden que nadie se imaginaba
una sociedad en la que pudiera vivirse sin llevar papeletas de dinero en el
bolsillo, sin embargo, ya es una realidad el dinero plástico, “el dinero sin
dinero”, el mundo de las tarjetas de crédito.
En otras perspectivas, la presencia del plástico parece
inevitable en todos los aspectos de la vida diaria. Medios de trasporte o de
comunicación: carro, avión, barco, tren, celular; , objetos del hogar:
televisor, radio, computadora, cepillo dental, juguetes, ropa, refrigerador,
aire acondicionado, abanico, muebles, enseres de cocina; envases y
empaquetados de todo género; cantidad de artículos y piezas industriales; es
una lista sin fin.
Por ejemplo, la influencia del plástico es tan sorprendente
que algunos para que los árboles parezcan naturales, “pero bien naturales”, los
hacen de plástico. Estrechando de esa manera la competencia entre lo natural y
lo plástico. Asimismo, quienes observan frutas sobre la meseta de la
cocina no dejan de cuestionarse, ¿son naturales o plásticas? Muchas veces hay
que tocarlas con las manos para apreciar la diferencia.
Como el siglo XXI también es otra Centuria del Plástico, los
defensores del medio ambiente enfilan sus cañones contra esta sustancia,
concientes de los “prácticos peligros del plástico”. El antagonismo entre los
ambientalistas y los empresarios del plástico crece. A nivel mundial se ha
desatado una guerra en contra de los envases plásticos, cuyos daños al
ecosistema son de grandes proporciones.
La mayor parte de las naciones europeas, asiáticas,
latinoamericanas y del mundo han legislado para disminuir el impacto de las
bolsas plásticas, sin embargo, se está levando la bandera de la paz al
pronunciar la palabra reciclaje, que se proyecta como la llave mágica para dar
solución a esa problemática.
Para un empresario, “una cultura de reciclaje hace descender
los niveles del impacto negativo que el plástico tiene en el medio ambiente.
Bastaría con observar la experiencia de Europa, allá en los lugares públicos
existen recipientes para echar la basura, de manera que quede clasificada para
el reciclaje; lo mismo sucede en los Estados Unidos. Es decir, lo que debemos
hacer es desarrollar en un sentido amplio toda la industria del
reciclaje”.
No obstante, las estadísticas del plástico son de un nivel
apreciable. Los organismos internacionales dan la voz de alarma para que los
gobiernos tomen medidas que limiten el uso de este material. Ciertamente, la
preocupación es legítima.
A propósito, al momento de escribir este artículo me doy
cuenta de que el teclado, el mouse, la pantalla y casi todos los componentes de
la computadora son de plástico. Hasta el aparato en que escucho la canción de
Rubén Blades:
“Era una ciudad de plástico de esas que no quiero ver. / De
edificios cancerosos y un corazón de oropel. /Donde en vez de un sol amanece un
dólar. /Donde nadie ríe donde nadie llora. /Con gente de rostros de poliéster,
que escuchan sin oír y miran sin ver. Gente que vendió por comodidad, su razón
de ser y su libertad”.
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