Son las 6:06 de la mañana y estoy escribiendo esto en pijama. Me
levanté a las 6:04, caminé de mi habitación al estudio, prendí el computador y
empecé a trabajar inmediatamente.
Esto
no es usual para mí. Es, no obstante, una receta para realzar la creatividad
que han utilizado escritores, poetas y otros, incluyendo el inventor Benjamín
Franklin.
Las
investigaciones psicológicas parecen respaldar esa técnica, ofreciendo una
explicación sobre por qué seríamos más creativos cuando nuestras mentes están
todavía emergiendo del reino de los sueños.
La
mejor evidencia que tenemos de nuestro estado mental cuando estamos dormidos es
ese extraño fenómeno llamado "soñar".
Hay
mucho que no se sabe acerca de los sueños pero una cosa es cierta: son raros.
Y
otra: escuchar a otra persona contar sus sueños es tremendamente aburridor.
Hablan y hablan de que estaban en un tren, pero que no era un tren, que era una
fiesta y que su hermano estaba ahí, así como una chica con la que no han
hablado desde que tenían 9 años, y... bostezo.
Para
el soñador, todo esto parece muy importante y, de alguna forma, lógico. Para el
resto de nosotros, no tiene sentido.
Sin
embargo, esos bizarros monólogos resaltan un aspecto interesante del mundo de
los sueños: la creación de conexiones entre cosas que no parecían conectadas
antes.
Es
una descripción parecida a la que da la gente creativa al hablar de su trabaj
conectan ideas y conceptos que nadie había conectado antes de una manera que
parece tener sentido.
Con
la almohada todavía encima No es de extrañar entonces que algunas personas
valoren tanto ese estado mental parecido al sueño, inmediatamente después de
dormir, conocido como inercia del sueño o estado hipnopómpico.
Les
permite salpicar sus pensamientos directos y alertas con un poco de la magia
del mundo de los sueños.
Más
tarde, la conciencia de la vigilia asume el control absoluto, algo que es bueno
pues nos permite ir por la vida evaluando situaciones, haciendo planes,
persiguiendo metas y lidiando racionalmente con el mundo.
La
vida sería difícil si nos la pasáramos alucinando constantemente, creyendo en
lo imposible o perdiendo el sentido de lo que estamos haciendo, como sucede
cuando soñamos.
Pero
el enganche racional de la conciencia diurna a veces puede ser demasiado
fuerte, especialmente si su trabajo se puede beneficiar de la inútil,
distraída, inconsistente, maniática pero a veces inspiradora naturaleza de esa
inconsciencia soñadora.
Los
métodos científicos, que por definición son estructurados y precisos, de pronto
no parecen ser la mejor de las herramientas para investigar la conciencia del
sueño.
No
obstante, en 2007 Matthew Walker, ahora académico en la Universidad de
California en Berkeley, y sus colegas llevaron a cabo un estudio que ayuda a
ilustrar el poder del sueño para fomentar conexiones inusuales o asociados
remotos, como los llaman los psicólogos.
Jerarquías e inferencias
A
los sujetos que participaron en la investigación les presentaron pares de seis
patrones abstractos A, B, C, D, E y F.
Por
medio del ensayo y error aprendieron las bases de una jerarquía que les dictaba
que tenían que seleccionar la A
por encima de la B ,
la B sobre la C , etcétera. Los investigadores
los llamaron "pares de premisa".
Al
entrenar a los participantes, nunca se les dijo explícitamente que la A es mejor que la B o la B que la C , ni que lo debían inferir. Ese
orden oculto de relaciones implicadas, descritas por Walker como "pares
inferidos", fue diseñado para imitar a los asociados remotos que impulsan
la creatividad.
Los
participantes que fueron puestos a prueba 20 minutos después del entrenamiento
acertaron el 90% de los pares de premisa pero sólo 50% de los pares de
inferencia, la misma fracción que usted o yo tendríamos si hiciéramos la prueba
sin ningún entrenamiento.
Aquellos
que tomaron la prueba 12 horas después del entrenamiento le atinaron al mismo
90%, pero aumentaron a 75% en los pares de inferencia, demostrando que el
tiempo extra había permitido que la naturaleza de las conexiones y el orden
escondido se aclarara en sus mentes.
Viene bien dormir, de vez en cuando
Pero
el éxito real del experimento fue el contraste entre un grupo entrenado en la
mañana y puesto a prueba 12 horas después, en la tarde, y otro grupo entrenado
en la tarde y puesto a prueba la mañana siguiente, después de dormir.
A
ambos les fue igual de bien en las pruebas de los pares de premisa.
Los
investigadores definieron inferencias que requerían la comprensión de dos
relaciones de premisa como fácil, y aquellas que requerían de tres o más, como
difíciles.
Así,
por ejemplo, "la A
es mejor que la C "
era marcada como fácil, pues los participantes debían recordar que A era mejor
que B, que era mejor que C. Pero si se trataba de "A es mejor que D",
se consideraba difícil pues con la siguiente conexión -C es mejor que D-
sumaban tres.
Cuando
se trataba de inferencias más difíciles, la gente que había tenido una noche de
sueño entre la sesión y la prueba contestó correctamente 93% de las preguntas,
mientras que quienes habían tenido un día ocupado sólo acertaron 70%.
El
experimento ilustra que combinar lo que sabemos para generar nuevos
conocimientos requiere de tiempo, algo que quizás muchos ya habían adivinado.
De
pronto lo más revelador es que también confirma el poder del sueño para
establecer asociaciones remotas.
Tejer
vínculos entre trozos de información que durante el día nuestras mentes
racionales ven como separados parece ser más fácil cuando nos desconectamos y
nos dejamos llevar por los sueños.
Es
esa función la que quizás explica por qué esos primeros momentos tras
despertarnos pueden ser los más creativos.
Los
sueños pueden parecer raros, pero sólo porque no tienen sentido con nuestra
conciencia de vigilia no quiere decir que no tengan un propósito.
Yo
empecé a escribir dos minutos después de despertarme, intentando aprovechar
algo de esa creatividad del mundo de los sueños para dar forma a esta columna;
la memoria de mi sueño, en el que estaba tratando de robar un banco con mi
antiguo profesor de química y de jugar tenis con una raqueta hecha de
espagueti, todavía vagaba por mi mente.
EL
AUTOR es columnista, BBC Future.
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