Tras la
muerte física, el pasado jueves 5 de diciembre, de Nelson Mandela se pudieron
recoger opiniones emitidas y favorables al ex presidente de Sudáfrica y símbolo
mundial de la lucha contra el apartheid. Se generó una amplia corriente de
solidaridad y reconocimiento en todos los continentes, sobre los aportes de
este hombre; a lo cual no escapó el liderazgo de los partidos de República
Dominicana. El presidente, ex presidentes, congresistas, líderes de opinión
pública, representantes de iglesias y del campo privado opinaron sobre las
bondades de Nelson Mandela, lo cual no era de extrañar.
Las expresiones de políticos
dominicanos están llenas de luces. Han sido frases “lapidarias” y llenas de
aciertos, las manifestadas por el liderazgo nacional. Teóricamente todas estas
frases están cargadas de realidad y de una buena descripción de los valores,
principios y deseos del líder histórico de la lucha anti racial. Veamos:
Leonel Fernández: “La bandera morada ondeará a media asta durante los
próximos días en testimonio de reconocimiento de lo que representó Mandela como
símbolo de resistencia contra el racismo”
Danilo Medina: “Mandela hizo
de su vida un ejercicio permanente y profundo a la tolerancia, respeto a la
diversidad de pensamiento y libertad”.
Miguel Vargas: “Mandela fue
un ejemplo de humildad, conciliación, unidad, entrega y dedicación por su
pueblo”.
Hipólito Mejía: ” En la hora
de su muerte el mejor homenaje a su memoria es actuar como él”.
Estas expresiones reales del
liderazgo partidario, el más reconocido por la opinión pública, tienen una
debilidad muy profunda. Si es débil, es porque no es fuerte. La realidad apunta
a un cuestionamiento a la falta de armonía entre la forma de pensar y la forma
de actuar. Apunta a articular coherentemente lo que se dice y lo que se hace.
La práctica del liderazgo partidario, antes mencionado, parece ser contrario a
los principios y valores de tolerancia, conciliación, unidad, la resistencia
contra el racismo y la imitación del estilo de vida de Mandela.
La abolición de apartheid es la
acción humana más trascendental que pudo llevar a cabo Mandela y el Congreso
Nacional Africano en el año 1994. Esto es muy contrario a lo sucedido en
República Dominicana donde se le ha negado el derecho a la nacionalidad a miles
de ciudadanos. Si Mandela tuviera vivo y hubiera visitado República Dominicana,
el día de su muerte, ténganlo por seguro que hubiera estado en el Alma Mater de
la UASD dando
“Abrazos Solidarios”. El apartheid conllevó la separación de los negros de los
blancos por razones de ascendencia, que también es una ocurrencia racionalmente
leguleya de la sentencia 168/13. Mandela expresó de manera concluyente que
detestaba el racismo porque lo veía como algo bárbaro, “ya pueda venir de un
hombre negro o un hombre blanco”. Otra frase con reconocimiento internacional
fue aquella donde explicó el origen del racismo indicando que “nadie nace
odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión”.
Mandela pudo ser presidente en
reiteradas oportunidades. Optó por la renovación del liderazgo y por abrir
camino para nuevos líderes que asumieran la dirección del Estado. Su visión
democrática del poder es contraria a la que practica el liderazgo partidario
dominicano. El ansia del poder es patológica en el sistema político dominicano.
La apuesta por la reelección de los líderes dominicanos, no sólo es por
participar una vez más en las elecciones, se produce hasta que la muerte los
separe. La
Constitución Dominicana ha sido reformada en varias
oportunidades para restituir la reelección presidencial. Africa es un
continente con tradición autoritaria, patrimonialista, colonialista y de
régimen autocrático, pero en medio de esa cultura política Mandela decidió no
participar en las elecciones, después de su primer mandato en el año 1999. Con
el peso nacional e internacional del liderazgo de Mandela, este pudo reelegirse
las veces que decidiera. La retirada de Mandela de la esfera política del
Estado, más que disminuir poder, lo que hizo fue engrandecerlo en Sudáfrica y
el mundo.
El apartheid, además de racial,
tenía consecuencia política. Mandela logró incorporar al proyecto de nación a
todas las corrientes políticas. Consciente de que había que gobernar con los
blancos, los cuales eran los tecnócratas provenientes del régimen promotor del
apartheid, los dejó en las posiciones en la Administración Pública
Sudafricana. En República Dominicana las instituciones públicas y el Estado hay
democratizarla para avanzar en la distribución del poder, más allá de un
partido o un líder. Un valor importante promovido por Mandela es que unió todas
las corrientes políticas en Sudáfrica, expresadas étnicamente. Esto en
contrario a la alta concentración de poder que existe en República Dominicana.
Mandela gobernó abriendo oportunidades para los blancos del Partido Nacional
(extrema derecha que gobernó 1948-1994) y al Congreso Nacional Africano y el
Partido Comunista Sudafricano, los cuales gobiernan desde el año 1994.
Mandela el conciliador, el anti
racista, el sacrificado por su pueblo, el tolerante, el que hay imitar; según
los dirigentes de los partidos dominicanos, fue un gran defensor de la
“educación como el alma más poderosa que puedes usar para el cambiar el mundo”.
Mandela el valorado por el liderazgo político de República Dominicana fue aquel
que escribió que “los líderes de verdad deben estar listos para sacrificar todo
por la libertad de su pueblo y que una nación no debe juzgarse por cómo trata a
sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a los que tienen poco o
nada”.
La conciliación y proximidad del
discurso político entre los dirigentes partidarios dominicanos y Nelson
Mandela, está muy cerca en el plano teórico. No obstante en la dimensión de la
praxis política en el manejo de los asuntos públicos hay una brecha, tan
angosta, del tamaño del Gran Cañón de Colorado.
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