MADRID.- Cuando una gigantesca avalancha
sepultĂł el pueblo colombiano de Armero y 23.000 de sus habitantes, los primeros
periodistas en pisar aquel inmenso lodazal se sintieron abrumados por la
tragedia e impotentes por la falta de medios para contarla.
Era noviembre de 1985 y aunque los satélites de
comunicaciones ya orbitaban alrededor de la Tierra , eran inaccesibles para la prensa y el
barro se habĂa tragado los tendidos de telĂ©fonos y electricidad.
Las noticias y las imágenes solo podĂan viajar a lomos de
sus autores por las agrestes laderas del volcán Nevado del Ruiz.
Llegados a pie o a bordo de helicĂłpteros que volvĂan a
Bogotá abarrotados de vĂctimas, algunos periodistas, entre ellos uno de EFE, tuvieron
que caminar durante horas hasta dar con una lĂnea telefĂłnica para despachar sus
informaciones.
La obligaciĂłn de llevarlas con celeridad a todos los
rincones del mundo ha sido siempre el principal compromiso de las agencias
internacionales de noticias, y honrarlo en las circunstancias más adversas fue
uno de los mayores retos de EFE en 75 años de historia.
Sus periodistas encontraron en los avances de la tecnologĂa
el mejor aliado en el trabajo cotidiano de informar y, sobre todo, en el de
cubrir los acontecimientos más dramáticos, los terremotos, guerras, golpes de
Estado o conferencias internacionales que impresionaron la retina de la
humanidad.
Una década después de la desaparición de Armero, los
enviados de EFE a los Balcanes contaban con un instrumento formidable para
quien ha de moverse por la desolaciĂłn de un conflicto armado y narrarlo dĂa a
dĂa, los transmisores de satĂ©lite, la maleta más pesada y valiosa de su
equipaje.
Con ellos se cubrió, en las montañas de Tora Bora en
Afganistán, la enorme y fallida operación de EEUU para encontrar a Bin Laden,
en 2001, o la marcha de Laurent Kabila a través del Congo para derrocar a
Mobutu Sese Seko en 1997.
Pero con ese transmisor aĂşn por inventar, solo un hueco
inverosĂmil a bordo de una aeronave de la Cruz Roja permitiĂł al periodista que vio expirar
a la niña Omayra Sánchez llegar en una hora a los teletipos de Bogotá para
contar cĂłmo se habĂa apagado una llama de esperanza que la televisiĂłn llevĂł a
medio mundo.
Aunque lentos, aquellos teletipos, instalados con lĂneas
permanentes en los medios, permitieron a las agencias, durante cuatro décadas,
distribuir noticias de forma universal e instantánea, una ventaja que han
perdido con los medios digitales, blogueros y redes sociales.
Hasta 1979 no acabĂł su edad de oro en EFE, cuando se
instalaron en la central de Madrid las primeras terminales de ordenador en las
que corregir un texto con rapidez no exigĂa ya descifrar la cinta perforada del
teletipo.
Sin embargo las fotografĂas y las grabaciones de televisiĂłn
tardarĂan aĂşn años en aparecer en las pantallas de las redacciones.
En 2011, cuando JapĂłn fue asolado por el terremoto que
destruyĂł la central nuclear de Fukushima, internet habĂa cambiado radicalmente
el universo informativo.
Los corresponsales de EFE tardaban apenas unos minutos en
transmitir sus filmaciones desde Tokio y las zonas más asoladas por el seĂsmo,
que causĂł 18.000 muertos y desaparecidos.
Realizaron las grabaciones con una de las minicámaras de
alta definiciĂłn incorporadas a 160 corresponsalĂas de la agencia a partir de
2007 y que han grabado los más importantes acontecimientos de los últimos años.
Además, una simple “webcam” de videoconferencia hizo posible
contar en directo los efectos del sismo a televisiones de América Latina,
España y Estados Unidos, durante las muchas horas en las que EFE tenĂa la Ăşnica
redacciĂłn hispanohablante de Tokio.
En la Ăşltima dĂ©cada, las cada vez más rápidas tecnologĂas
wifi y de datos mĂłviles han revolucionado la labor de captar, editar y
transmitir imágenes o textos sobre el terreno con cámaras, computadores
portátiles y teléfonos.
En cambio, antes de la adopción de las cámaras digitales
profesionales en los años noventa, las coberturas distantes exigĂan llevar un
pesado equipo de laboratorio e improvisar un cuarto oscuro en el baño de una
habitaciĂłn de hotel.
De los muchos aparatos que en los últimos 75 años han hecho
cada vez más corta la distancia entre el periodista y la información, el
ordenador portátil ha sido para muchos el más importante, el principal exponente
de que la tecnologĂa es el mejor amigo de la noticia.
En 1989 los periodistas de EFE ya prescindĂan de las notas y
cubrĂan en directo ruedas de prensa con equipos como el Tandy 100, con una
pantalla de ocho lĂneas y capaz de transmitir a travĂ©s del telĂ©fono, pero cuya
baterĂa no aguantaba discursos tan largos como el de Fidel Castro en Caracas,
que obligĂł a usar la libreta.
Aquella noticia tuvo que viajar en taxi hasta la redacciĂłn,
aún asà con un gran avance respecto a las comunicaciones de medio siglo atrás,
cuando EFE acababa de nacer y enviaba noticias con una flota de ciclistas.
En los años cuarenta no eran imaginables los avances
tecnolĂłgicos que la profesiĂłn experimentĂł solo entre la primera Guerra del
Golfo, en 1991, y la segunda, en 2003, cuando existĂa la publicaciĂłn directa en
la web y los teléfonos de satélite portátiles.
Estos equipos, que la agencia EFE tiene hoy en 33 puntos de
cobertura, son el mejor talismán contra aquel viejo axioma del periodismo:
tener una noticia y no poder transmitirla es no tener nada.
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