El Santo Padre indica en su misiva que “la Iglesia no quiere
privilegios, no tiene intereses políticos, no busca alianzas estratégicas” ya
que su interés es “servir, servir a todos, y por eso trabaja por el bien común,
la paz, el progreso, la libertad, la justicia, la solidaridad y el desarrollo
integral de los dominicanos”.
Misivas como la remitida por Francisco han sido
inusuales, por lo menos que se hagan pública, en la historia de las relaciones
diplomáticas entre República Dominicana y el Vaticano.
En una referencia indirecta a los casos de
sacerdotes acusados de abusar sexualmente de menores, el papa Francisco indica
que las víctimas de esas acciones deben ser cuidadas y tuteladas, de manera que
la Justicia
actúe en todos sus ámbitos.
Por
considerarla de interés, EL DÍA publica la carta remitida por el papa Francisco
al cardenal López Rodríguez:
Querido Hermano:
Querido Hermano:
Por medio del Señor Arzobispo Jude Thadeus Okolo,
nuevo Nuncio Apostólico en la República Dominicana , deseo hacer llegar al
Episcopado, a los sacerdotes, a las comunidades religiosas, a los seminaristas,
así como a todo el Pueblo de Dios de esa querida nación mi cordial afecto en el
Señor.
El nuevo Nuncio es portador de mi presencia y mi
cercanía, una cercanía que quiere ser de colaboración con el Estado y las
instituciones públicas, de comunión con las iglesias locales, paternal con los
creyentes, solícita con los necesitados, caritativa y solidaria con todos.
Con este espíritu, les pido que reciban a Mons.
Jude Thadeus Okolo como el abrazo del Papa para ustedes, con ánimo renovado y
nueva esperanza, para que pueda desarrollar su misión con eficacia y acierto,
contando con la colaboración, comprensión y estima de todos: autoridades,
pastorales y fieles.
El Nuncio Apostólico representa en ese país al
Obispo de Roma para el bien del Pueblo. Su misión consiste en estrechar los
vínculos que unen a la Sede
de Pedro con esa nación, alentando a los hijos de esas hermosas tierras a
recorrer el camino de la vida con la mirada puesta en Dios y la mano tendida
hacia los hermanos.
Allí donde se promuevan estas iniciativas, allí se
encuentra la Iglesia ,
dispuesta a ofrecer lo mejor que ella tiene: la gracia y la paz que nacen del
corazón de Cristo crucificado.
La experiencia nos enseña que cuesta cumplir los
ideales. Siempre existe el peligro de la “mundanidad”, de dejarse llevar por el
espíritu de este mundo, de actuar por el propio interés y no por la gloria de
Dios.
Y esto nos expone no pocas veces al ridículo, sobre
todo a los pastores. Por eso, es necesaria la permanente conversión personal,
que sólo se puede lograr con una relación constante con Jesús, ayudados en este
propósito por la fuerza interior de la oración.
Rezando, siendo humildes, reconociendo que todos
cometemos fallos y meditando la
Palabra de Cristo nos será más fácil mantenernos en una
fidelidad cotidiana a su llamada y llevar a cabo muchas obras de caridad,
expresión elocuente del amor de Dios entre los hombres.
La credibilidad de la Iglesia y de su
colaboración en el bien del pueblo, en la defensa de la familia y de la vida
humana, en la lucha contra la pobreza, pasa hoy por la docilidad de cada uno de
nosotros al Espíritu del Resucitado, dejando que éste nos impulse y nos ayude.
A veces nuestra debilidad se deja sentir, pero
estoy convencido de que la santidad siempre es mayor que el pecado, porque la
misericordia divina brilla, incluso con más fuerza, en medio de nuestras
miserias.
El pecado depende de nosotros, la santidad nos
viene de Dios, que nunca se cansa de darnos otra oportunidad. Él siempre nos
espera y comprende.
Quiero asegurarte, querido Hermano, que tengo muy
presente en mis oraciones al amado Pueblo de Dios que peregrina en la República Dominicana ,
especialmente a los que sufren a causa de los pecados de los hombres y mujeres
de la Iglesia.
Y a la vez quiero reiterarte el compromiso, claro y
valiente, para que las víctimas de estas torpezas sean siempre defendidas y
tuteladas, de modo que la justicia sea atendida en todos sus aspectos.
Aunque no somos ajenos a los errores, pongamos
también en la presencia de Dios los innumerables frutos de bien que el
Evangelio ha dado y seguirá dando en esas tierras: tantos hombres y mujeres que
han recibido el auxilio y la caricia de la Iglesia en sus necesidades, su apoyo en sus
sufrimientos, que han escuchado una palabra de consuelo en sus tributaciones y
dificultades y, sobre todo, que han creído en el anuncio de la esperanza de la
redención que ella proclama.
Mons. Jude Thadeus Okolo cuenta con mi confianza y
con el apoyo de mi oración, para que el Señor le sostenga en la misión que va a
empezar y pueda continuar así la historia de salvación que la fe cristiana ha
escrito tan luminosamente durante siglos en esos bellos parajes bañados por el
Caribe.
Te pido, por favor, que reces y hagas rezar por mí,
pues ahora lo necesito más todavía.
Saluda y anima en el nombre del señor a todos los
hijos de la
República Dominicana , recordándoles que solamente Él puede
dar la vida auténtica, plena y dichosa.
¡Qué bello es ser discípulos suyos y misioneros de
su Evangelio!
Que Jesús proteja y la Virgen Santa cuide a
todos los dominicanos.
Fraternalmente,
Francisco.
Fraternalmente,
Francisco.
0 Comentarios