Por NORYS SANCHEZ
Al referirse a los escándalos de naturaleza sexual protagonizados por miembros del clero de la Iglesia católica de “quienes se espera otro tipo de conductas”, el cardenal López Rodríguez no parece demostrar encubrimiento hacia los curas pedófilos como se ha dicho.
Muy distinto a como lo hizo el padre Manuel Ruiz, vocero del Episcopado Dominicano, quien osadamente defiende al nuncio Wesolowski bajo el alegato de que contra él aun no hay pruebas, el cardenal López Rodríguez ha admitido que la población ha sido sacudida con vergonzosos hechos escenificados dentro de la Iglesia católica. Su Iglesia. Incluso, ha pedido perdón a las víctimas.
A la vez, el Cardenal espera que la Justicia dominicana actúe con firmeza y claridad en base “a investigaciones serias, estableciendo las sanciones que están previstas en el Código Penal”.
Admite la urgencia que hay de “purificar a la Iglesia sacando del Ministerio a quienes lo ejercen indignamente y no merecen ser llamados sacerdotes”.
Con su postura, con sus afirmaciones, el Cardenal ha demostrado públicamente que también ha sido afectado, como afectada está toda la población, católica y no católica.
Un escándalo tras otro. Pero de todo lo que ha dicho nuestro cardenal López Rodríguez, a lo que mayor atención hay que ponerle es al argumento que sostiene el jefe de la Iglesia católica en el entendido de que “un número indeterminado de los que se preparan para el sacerdocio no tiene auténtica vocación” y que “en el período de formación tienen una gran capacidad para simular lo que no son”.
Esto lo considero gravísimo y en este sentido hay que exhortar a que se revisen los protocolos que se siguen en la formación de un sacerdote. Asegurarse bien antes de investir a un sacerdote. Por la responsabilidad que conlleva su papel en cualquier sociedad. Por la confianza que se deposita en ellos. Por los tantos niños que son encomendados a estos señores.
Desconozco los procedimientos que se siguen actualmente pero, definitivamente, están demostrando no ser eficientes ni los más adecuados.
Si no se está haciendo, deberían hacer que estos “aspirantes” a sacerdotes sean sometidos a una rigurosa evaluación psicológica que abarque el seno familiar de donde provienen porque la gran mayoría de los problemas que exhiben las personas en su vida adulta tienen su origen, su causa, en el seno familiar.
Los traumas familiares pueden llegar a ser muy perniciosos sino son bien manejados. Manejados a tiempo.
Por tradición, muchos hombres y mujeres eligen “entregar su vida a Dios” no tanto por vocación, sino por frustraciones que arrastran desde su infancia o su adolescencia y se “encierran” en ese mundo “espiritual” desde donde poder darle rienda suelta de manera “encubierta” a tanta frustración.
Los ejemplos saltan a la vista, tantos casos de pederastia sacerdotal, tantas víctimas fruto del abuso clerical, no es casualidad.
El portavoz del Papa, Federico Lombardi, asegura que la Santa Sede no se opone al avance de un proceso judicial en nuestro país contra el exnuncio apostólico Josef Wesolowski (que se suma a la lista de casos denunciados en los últimos días) ya que “son serias y graves” las acusaciones que pesan contra el exdiplomático.
Eso está bien, pero eso no erradica el problema de raíz. Pedir perdón a las víctimas y castigar a los culpables procede pero no resuelve el problema que afecta principalmente a niños.
Hay que ir a la raíz del problema. Lo ha dicho el propio Cardenal, tan celoso con su iglesia, lo ha dicho él mism “Urge purificar a la Iglesia”. ¡Pero ya! - See more at: http://www.elcaribe.com.do/2013/09/07/cardenal-ldquourge-purificar-iglesiardquo.-pero-#sthash.fcPWpaMq.dpuf
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