Joven baleada
Santo Domingo.-“Es un milagro que estoy aquí, lo más importante que tengo es la vida y mi familia”.
El testimonio de Francina Hungría, quien el viernes perdió su ojo derecho y le perforaron el izquierdo al ser baleada por atracadores que le arrebataron el vehículo que conducía, refleja la valentía y fortaleza de una joven de 28 años, que hoy sólo aspira recuperar parte de su visión y volver a ser lo más normal posible.
El viernes, pasada la 1:15 de la tarde, Francina iba a reunirse con un grupo de amigas y su novio que vino de Estados Unidos por tres día a visitarla y se trasladarían a Las Terrenas, Samaná, sin saber que horas antes dos vándalos le troncharían no sólo el paseo, sino parte de su vida.
Hoy, postrada en una cama de la clínica Abel González, narra cómo la sorprendieron y en cuestión de segundos le dispararon para matarla. Expresó el deseo de que sus agresores sean apresados.
Sus padres Iluminada Hernández y Frank Hungría dijeron sentirse destruidos. Cuando ocurrió la tragedia acababa de salir de una ferretería, completando materiales para la construcción de la torre Estanza II, donde labora.
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