Por: Mirla María Pérez
No sé si nos hemos convertido en un país totalmente sangriento,
negativo y pesimista, o si es que productores,
comunicadores y reporteros de noticias, para captar mayor atención del público dan preferencia a los sucesos de corte trágico.
Sintonizar un noticiero, leer
un periódico, lejos de garantizar un
espacio informativo-objetivo, representa
un potente centro de estrés,
ansiedad y tensión; solo se lee, se ve
y se escucha: mataron, violaron, asaltaron, se accidentaron,
apresaron, como si esto fuese lo único
que aconteciera en el país, dando la espalda total a las noticias positivas,
algunos con la excusa de que estas “que
no venden”.
Constantemente la televisión y la radio, desde los noticiario hasta
las novelas están impactando al público con un alto contenido de violencia, que
si bien es cierto que va en aumento, no es menos cierto que la forma actual de
exposición le hace una promoción exhaustiva, expresándola como una forma natural en la convivencia
dominicana, difundiendo a todo lo largo y ancho de la isla nuevas tácticas para delinquir.
Si se exprimiera metafóricamente un periódico destilaría sangre y
lagrimas, pues, después de acontecidos
los hechos lamentables, son recordados y
resonados con morbo removiendo las
llagas.
Sin tomar en cuenta el tipo de público, ni la hora de trasmisión, se
colocan imágenes grotescas y atroces, escenas que perjudican la salud mental
desde niños/as, hasta adultos mayores;
Sumándose a esto la incertidumbre que produce la interminable política
partidaria, acompañada de las voces de corrupción, las cuales se enlazan a
estos fatales eventos para como bomba,
impulsar la pérdida de confianza, esperanza y alegría, hacer que los
hombres y mujeres anulen su capacidad de lucha y se rindan ante tanta
incertidumbre.
El sensacionalismo y la falta de tacto en algunos espacios, están intoxicando al pueblo dominicano, generando una estela de dolor, fomentando la
aparición de males psicológicos como el
estrés agudo, pánico y dificultades con el sueño, pero además contribuyen con
la aparición y/o empeoramiento de enfermedades
biológicas como son el aumento en la presión arterial y los infartos.
Es probable, que algunos de los
periodistas y comunicadores que siguen este juego mortal, ignoren la magnitud del daño, pues entiendo
que todos, queremos una sociedad mejor y
la exposición inadecuada de algunas noticias
(en ocasiones irresponsables) envenenan las entrañas de la patria, incitando perjuicios
en la economía, pues como nación perdemos credibilidad internacional, alejando
la inversión extranjera, el turismo, las posibilidades de exportaciones,
reduciendo así la capacidad de avance.
Debemos abogar por la trasformación de nuestros medios, en espacios
objetivos, educativos y amenos, sin que se violente el principio de la
veracidad y la imparcialidad, mucho
menos que se deje de informar lo acontecido siempre retirando el sensacionalismo y el morbo en lo que
publicamos procurando con nuestros aportes la construcción de una sociedad
mejor.
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