Por FAUSTO PIÑA BELLO
Generalmente cuando se lee algún libro de superación personal, se busca la manera de subir un poco más la auto-estima de la persona; en muchas ocasiones, se confunde la auto-estima con el orgullo. Este, el orgullo, es el “Exceso de estimación propia, fatuidad, vanidad. Sentimiento elevado de la propia dignidad,” Dicc. L. Encl. 2000. De ahí que, se requiere un buen equilibrio mental, para diferenciar el orgullo de una estimación correcta de sí mismo.
Siendo que la mayoría de las personas parecen que tienen orgullo, manifestado en ocasiones, como un sentimiento de inferioridad, quiero tratar el tema de la humildad. La humildad es un valor supremo del espíritu engrandecido, que ha sido capaz de sobreponerse a las mezquindades terrenales. Humildad: “Ausencia completa de orgullo. Sumisión voluntaria por conciencia de la propia insuficiencia o por cálculo” Dicc. L. Enc. 2000.
La humildad es esa cualidad que embellece el alma, y que es capaz de dar posición al cuerpo ante aquello que es considerado superior. Solamente los de espíritus valientes son capaces de asumir la humildad como una forma de vida. Es la riqueza del alma, que reconociendo la diversidad de los sujetos, se manifiesta en forma de inferioridad ante los demás. No exalta sus virtudes, sino las de los otros. Lo excepcional de la humildad, es que no es sub- estimación, sino reconocimiento de sus virtudes, pero conciente y voluntariamente, decide una posición inferior antes su inferiores, e iguales, y mucho más ante sus superiores.
Jesucristo, ha sido la persona más humilde que ha pisado la tierra, de acuerdo al conocimiento que encontramos en la Biblia. Pablo, el apóstol de los gentiles, escribió de él: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz,” Fil. 2:5-8.
Ha humildad es una actitud que debe adornar la vida de los seguidores de Jesús el Cristo, como ejemplo dado por él. Pablo escribió: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros,” Fil. 2:3,4. Ser cristiano, es ser humilde; pues Cristo nos llama a aprender de él, cuando dij “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas,” Mt. 11:29.
Ser humilde, es un privilegio que gozan aquellos que han entendido, que la vida humana es superiora toda obra material. El humilde valora a los humanos, como la riqueza espiritual y física más importante, por su realidad y por su transcendencia. Salomón escribió: “Mejor es humillar el espíritu con los humildes, que repartir despojos con los soberbios,” Prov. 16:19; Salomón escribió además: “El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría; y a la honra precede la humildad,” Pro. 15:33. Así mismo escribió: “Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová,” Prov. 22:4.
El hombre creyente en Dios debe ser humilde, como un requisito de agradar a Dios, pues Jesucristo dijo “Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido,” Lc. 18:14b. Esa es la clave del éxito con el apoyo de Dios, ya que él toma parte en el comportamiento humano. El apóstol Pedro escribió: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes,” I Pdro. 5:5.
Necesitamos más personas humildes, pero sobretodo que seamos usted y yo. Los profesantes cristianos, tenemos que dejar ese espíritu altivo, que solamente blasfema de nuestro Señor. Cada cristiano, es un representante de Jesucristo sobre la tierra, por lo que requiere tomar la conducta de Jesucristo. Un pueblo lleno de habitantes humildades, sin duda es un pueblo feliz, pues desaparecen todos los antagonismos; si decimos que nuestro pueblo es cristiano, entonces debe ser un pueblo diferente, por ser un pueblo humilde.
Los dirigentes religiosos tienen una gran responsabilidad, puesto que deben ser humildes, y a través de ella cambiar a los demás. No se necesitan palabras groseras, pues las palabras con humildad transforman los corazones. No se necesita aplastar a los demás, para que entonces se manifieste la humildad de los oprimidos hacía el opresor, pues eso sería una falsedad, y sobre todo una esclavitud. Ser humilde es ser educado, primero en el espíritu, como también en lo social.
Pablo escribió: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros, en amor,” Ef. 4:1, 2. Esa es una condición que ennoblece la relación humana, que justifica la razón de la existencia y que dignifica el accionar de la persona. Salomón escribió: “La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra,” Prov. 29:23.
Siendo que somos seres inteligentes, adquiramos la sabiduría necesaria para que entendamos que siendo humildes obtenemos ganancia, de lo contrario fracasos. No importa la posición social, la humildad puede estar presente. No cuesta nada ser humilde, pero la riqueza que da serlo es incomparable. Considere a los demás como superiores a usted, que haciendo esto indica la superioridad real, que existe en usted. Una paradoja de la vida cristiana, no es más grande el siervo que su señor, ni el enviado, que él que le envió, Jn. 13:16. Este reconocimiento permite la convivencia entre los seres inteligentes, pero a la vez, prueba la sabiduría de todos; pues el señor y el que envió no deben sentirse superiores, aunque lo sean.
Ser humilde es reconocer la grandeza de Dios, y darle el lugar que él merece en nuestra vida. Acercándonos a Dios, para obedecer todo lo que él ha mandado que obedezcamos. Altercar con Dios, es totalmente incorrecto, puesto que en lugar de enfrentarlo, debemos sujetarnos. Además ser humilde nos hace tratar a los demás, como deben ser tratados como personas importantes; y teniendo estas conductas, viviremos una vida mejor, llena de galardones espirituales y aún materiales. Generalmente cada uno busca asociarse con personas humildes, como escribiera Pabl “Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión,” Rom. 12:16. Dios le bendiga
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