
Por Cándido Mercedes
Hoy vivimos en el Planeta, en la sociedad del riesgo; la sociedad de la incertidumbre, que dibuja y organiza nuestra existencia colectiva de una manera pavorosa. Múltiples y complejos son los fenómenos sociales que nos generan improntas, que nos invitan a tratar de romper con el pasado y el presente, tratando de conquistar un mejor futuro.
A los problemas mundiales: Calentamiento Global, Crisis de la energía, Crisis Alimentaria, Déficit Fiscales, Creciente Endeudamiento Externo, Debilitamiento del Dólar con respecto al Euro, Crecimiento Económico sin suficientes empleos, el estallido de la burbuja inmobiliaria y la consiguiente Crisis Financiera-Económica; a esa problemática mundial, no escapa nuestra sociedad, al tiempo que se generan otros que pasan a formar parte de nuestra morfología social:
Las relaciones tan desiguales de poder entre los grupos humanos y clases sociales en nuestro país, han dado pautas a situaciones de explotación, opresión y discriminación sociopolíticas que, cada día más, dificultan un eje de articulación armonioso de Cohesión Social.
Estas relaciones desiguales de poder donde el Estado no juega su rol neutralizador, a través de Políticas Públicas que incorporen más Capital Humano, sino que la acelera, va corroyendo
La estructuración que puede desembocar con esta asimetría tan ostensible de desigualdad, van configurando verdaderos Conflictos Estructurales en el seno de la sociedad, lo cual va dificultando los niveles de interacción social entre los distintos agentes y actores de la misma.
Resulta que ello es así por la falta de visión de futuro, de compromiso con la sociedad, de verdadera falta de sensibilidad social de quienes nos han dirigido en los últimos 33 años.
A mayor grado de Conflictividad en una Estructura Social determinada, menos niveles de articulación efectiva y sostenible se producen entre los actores de la sociedad. La perspicacia y la desconfianza se van anidando e incubando, hasta hacer desaparecer toda relación que implique concertación y consenso en los puntos vitales y estructurales de la sociedad.
Existe, pues, un estado de necesidad si queremos actuar con visión de futuro, lograr desmadejar el conjunto de Conflictos Estructurales que se cobijan en el seno de nuestra sociedad y que operan como una espada de Damocles. El establishment de nuestro Sistema Económico tiene que cambiar, sobre todo en sus fases de Distribución y Consumo.
El Conflicto social es un motor de cambio, pues múltiples grupos de intereses interactúan de manera contrapuesta, que expresan demandas y expectativas diferentes. El conflicto, es por antonomasia, parte intrínseca de las sociedades y coadyuvantes en el cambio de fisonomía de las estructuras sociales. Sin embargo, cuando éstos se hacen cada vez más agudos y pasan de coyunturales a estructurales, las sociedades se desbordan. Es lo que está sucediendo con nosotros.
¿Cuáles son los Conflictos Estructurales de nuestra sociedad que disminuyen las energías actuales y potenciales de la misma, haciéndola más excluyente e injusta? La educación: su calidad la inversión; la salud; el desempleo, sobre todo en la juventud; la energía eléctrica; la seguridad ciudadana; la delincuencia; la tasa de homicidios; la violencia social; el feminicidio y la violencia intrafamiliar; la corrupción; las viviendas para los sectores más carenciados; las inversiones tan desigual por provincias sin tomar en cuenta los aportes de cada provincia con respecto al Producto Interno Bruto; la mortalidad materna; la mortalidad infantil.
Una sociedad que tenía un Producto Interno Bruto de U$22,000 millones de dólares, en el 2004 y que 6 años después ve multiplicar en 2.5 veces su Producto, esto es, en U$53, 000 millones de dólares, es una sociedad que crece económicamente. No obstante, su máxima figura ejecutiva reconoció hace un año que no podremos cumplir con los Objetivos del Milenio para el 2015. Se infiere, pues, que algo anda muy mal entre
Están actuando sin compromiso y con poca visión de futuro. Se configuran así, como un universo atomizado que no vislumbra los vaivenes de la historia, a través de los conflictos, sobre todo, tan disfuncionales. Se solapan en redes que no logran trastocar en sus cimientos los elementos que generan la conflictividad social.
La sociedad dominicana enfrenta múltiples desafíos socioeconómicos que paradojalmente han generado riquezas en los últimos 50 años. El dilema contemporáneo actual es cómo nos moveremos y movilizaremos para neutralizar, disminuir y desaparecer esos conflictos estructurales que impiden una verdadera modernización social: más y mejores empleos decentes; más y mejor educación; menos clientelismo político; búsqueda de energía alternativa, etc.
Las causas estructurales de estos conflictos estructurales han de verse como una consecuencia palmaria de
Necesitamos, como dice Pat Mesiti en su libro Actitudes y Altitudes, “líderes que logren relacionarse, unir, estimular y servir”, para que los demás hagan su mejor esfuerzo y puedan lograr más de lo que creen.
Es de la única manera que podemos subvertir estos dilemas contemporáneos que nos acogotan en estos innecesarios Conflictos Estructurales que impiden la necesaria entropía de la sociedad.
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